En las últimas dos décadas, un nuevo grupo de millonarios ha surgido en República Dominicana. No llevan apellidos tradicionales ni estudiaron en universidades suizas. Vienen del arte urbano, del TikTok, del Congreso o de negocios con origen tan humilde como una barbería o una página de Facebook.
¿Cómo se hicieron ricos?
Algunos empezaron desde abajo. Otros simplemente estaban en el lugar correcto con la gente correcta. Hay exponentes urbanos con contratos millonarios en Miami, diputados con declaraciones juradas que no resisten una auditoría, y «emprendedores» digitales que, sin productos visibles, exhiben vidas de lujo en redes sociales.
¿Por qué no se habla de ellos?
Porque es incómodo. Porque muchos están conectados con estructuras de poder, y porque en el país a veces confundimos éxito con ostentación. ¡Pero no todos los Lamborghinis vienen con facturas limpias!
El fenómeno social
Estos nuevos ricos son el nuevo sueño dominicano: hacerse millonario sin jefes, sin reglas, y sin dar explicaciones. Algunos lo han logrado limpiamente. Otros, simplemente… lo han logrado.
¿Está mal soñar con el ascenso rápido? No. Pero está bien preguntar cómo se subió tan rápido.










