La marcha patriótica convocada este domingo 24 de marzo en el sector de Friusa, Bávaro, fue más que una simple manifestación: fue una radiografía en tiempo real del sentimiento nacionalista que crece en parte de la sociedad dominicana, pero también una muestra preocupante de cómo las tensiones migratorias pueden convertirse en una peligrosa arma de división social.
¿Qué pasó en Friusa?
La organización Antigua Orden Dominicana lideró una manifestación para protestar contra lo que consideran una “invasión pacífica” de ciudadanos haitianos en la zona. La convocatoria, que reunió a decenas de personas, fue autorizada oficialmente por el Ministerio de Interior y Policía tras días de incertidumbre y presión pública.
La marcha transcurrió de forma pacífica, pero estuvo cargada de símbolos nacionalistas, consignas enérgicas y un ambiente de tensión que reflejaba el malestar de una parte de la población local ante la presencia masiva de inmigrantes irregulares.
¿Por qué Friusa?
Friusa no fue una elección casual. Este sector de Bávaro es conocido por su alta concentración de ciudadanos haitianos, muchos de ellos trabajadores de la construcción y empleados del turismo. También es una zona con altos niveles de informalidad, desigualdad, y —según denuncias de vecinos— actividades delictivas atribuidas a grupos organizados.
Sin embargo, reducir la problemática a una cuestión de migración es simplificar demasiado un fenómeno complejo que involucra pobreza, falta de políticas públicas integrales y décadas de abandono estatal.
Un clamor legítimo, ¿mal canalizado?
Es necesario reconocer que muchos dominicanos tienen preocupaciones legítimas sobre la seguridad, la soberanía y el orden migratorio. Pero también es fundamental que estas inquietudes se expresen sin caer en la xenofobia ni la deshumanización del “otro”.
La marcha mostró una clara desconexión entre los discursos institucionales y la realidad que se vive en zonas fronterizas y turísticas como Bávaro. Mientras las autoridades hablan de cooperación binacional y derechos humanos, en el terreno hay frustración, miedo y desconfianza.
El riesgo de la polarización
Este tipo de movilizaciones, si no se gestionan con responsabilidad, pueden alimentar una narrativa peligrosa de “ellos contra nosotros”. La historia dominicana ya ha vivido momentos oscuros por conflictos mal manejados con Haití. Repetir ese camino sería un error histórico.
Además, la tensión puede escalar rápidamente si las redes sociales, los discursos políticos incendiarios y los medios sensacionalistas alimentan los prejuicios en lugar de promover el diálogo y las soluciones estructurales.
¿Qué sigue?
Más allá de la marcha, el país necesita una política migratoria coherente, justa y aplicada con firmeza pero con humanidad. También se requiere inversión estatal en barrios como Friusa, donde la marginalidad es terreno fértil para el conflicto.
Y, sobre todo, se necesita una narrativa nacional que defienda la soberanía sin renunciar a la dignidad. Porque defender la patria no debería significar despojar al otro de su humanidad.










