Mientras en España se celebra que el país acaba de coronarse número uno de Europa en el ranking Rainbow Map de ILGA-Europa (2026), aquí en Quisqueya seguimos en modo “vamos por partes y con cuidado”. El contraste no es para pelear, sino para mirar con curiosidad cómo un país pasó de la dictadura a liderar el continente en menos de medio siglo… y qué nos dice eso a nosotros.
El camino español (resumido y sin aburrir)
España no inventó los derechos de la noche a la mañana. Empezó en 1978, todavía en plena Transición, cuando el gobierno de Adolfo Suárez (UCD) eliminó la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social con un voto casi unánime. En 1998 Cataluña (gobernada por CiU, con apoyo de la izquierda) aprobó la primera ley de parejas de hecho que incluía a personas del mismo sexo. El gran salto llegó en 2005 con el gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero: matrimonio igualitario y adopción plena. España se convirtió en el tercer país del mundo en dar ese paso. El PP se opuso y recurrió la ley, pero el Tribunal Constitucional la avaló en 2012. Después vinieron la ley de identidad de género de 2007 y, en 2023, la llamada “Ley Trans” del gobierno de Pedro Sánchez (con Irene Montero en Igualdad), que permite la autodeterminación de género a partir de los 16 años y prohíbe las terapias de conversión.
Como bien recordaba un análisis reciente, no fue obra de un solo partido. Hubo contribuciones de distintos gobiernos y, sobre todo, de activistas y organizaciones que llevaron décadas empujando desde la calle. Levantar la mano en el Congreso no es lo mismo que haber estado años levantando la voz.
Y nosotros, ¿en qué punto estamos?
En República Dominicana las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo son legales desde 1822 (mucho antes que en España). El gran escollo es otro: la Constitución de 2010 define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, lo que bloquea cualquier reconocimiento de parejas del mismo sexo. Tampoco existe una ley integral contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género, ni reconocimiento legal del cambio de sexo.
El avance más reciente y significativo llegó en noviembre de 2025, cuando el Tribunal Constitucional (sentencia TC/1225/25) declaró inconstitucionales los artículos que penalizaban las relaciones consentidas del mismo sexo dentro de la Policía y las Fuerzas Armadas. Fue una victoria simbólica importante para la igualdad dentro de los cuerpos de seguridad, aunque el camino general sigue pendiente.
Socialmente el panorama es mixto. Hay activismo, caravanas del orgullo y organizaciones que trabajan con constancia, pero la influencia religiosa (católica y evangélica) sigue pesando fuerte y las encuestas históricas muestran apoyo minoritario al matrimonio igualitario. Al mismo tiempo, el debate público se ha calentado: hay propuestas para restringir contenidos LGTBI+ en medios y reportes de aumento del discurso de odio en redes.
¿Qué proyección realista podemos hacer?
España demuestra que los cambios grandes suelen llegar cuando se combina activismo persistente, cambios generacionales y ventanas políticas. En República Dominicana el ritmo parece más lento y culturalmente más cauteloso. El fallo del Tribunal Constitucional de 2025 abre una pequeña puerta jurídica y muestra que el debate institucional ya está ocurriendo. Si las nuevas generaciones siguen empujando con datos, historias personales y menos polarización, es posible que en los próximos años veamos avances en protección contra la discriminación (algo más alcanzable que cambiar la Constitución) o mayor visibilidad sin tanto estigma.
No se trata de copiar el modelo español al pie de la letra —cada sociedad tiene su ritmo y su contexto—, sino de recordar que los derechos no “pertenecen” a un partido ni aparecen por arte de magia. Se construyen con paciencia, diálogo y, sobre todo, con gente que decide dejar de esperar a que otros levanten la voz por ellos.
En TuRepública seguiremos contando estas historias con el mismo tono: directo, con datos y sin dramas innecesarios. Porque al final, de lo que se trata es de vivir más tranquilos, sea cual sea tu orientación.









