La muerte de la niña haitiana Stephora Anne-Mircie Joseph, de 11 años, el 14 de noviembre en un río de Jarabacoa, es una tragedia innegable. Murió ahogada durante una actividad escolar con solo tres supervisores para 87 niños, sin autorización firmada de los padres y con un colegio que ocultó durante horas el video de seguridad. Eso es negligencia criminal, punto. Merece investigación, castigo y reparación.
Lo que NO es, según la propia madre que vio el video, la Procuraduría General y el abogado de la familia, es un “asesinato racista” ni un “linchamiento por el color de su piel”. No hay evidencia de que compañeros la empujaran ni la ahogaran. Esa versión, sin embargo, ya recorrió el mundo entero gracias a medios como Miami Herald, BBC Mundo, France 24 y una legión de influencers progresistas que compararon el caso con el Holocausto y hablaron de “genocidio infantil” en República Dominicana.
Mientras tanto, en el mismo país, decenas de dominicanos han sido asesinados por ciudadanos haitianos en los últimos 18 meses y prácticamente nadie fuera de la prensa local ha dicho una palabra.
Algunos nombres que la prensa internacional prefiere ignorar:
– Simeón Amadeo Reyes Torres (66 años), hacendado asesinado a machetazos por cuatro haitianos en San José de las Matas, diciembre 2024.
– Sargento del Ejército dominicano asesinado a tiros por un haitiano en puesto migratorio de Dajabón, 2025.
– Francisco del Jesús Flores (hacendado), macheteado hasta la muerte por su empleado haitiano en Cabrera, junio 2024.
– Julio César de la Rosa, campesino degollado en Pedernales por dos haitianos por una deuda de 1 000 pesos, octubre 2024.
Según datos oficiales de la Policía Nacional, aproximadamente el 18 % de los homicidios registrados en República Dominicana durante 2025 tienen autores de nacionalidad haitiana, a pesar de que representan menos del 6 % de la población. Ninguno de estos casos ha merecido portada en The New York Times ni indignación viral en redes.
La fórmula es conocida:
Niña haitiana muere por negligencia → “racismo dominicano” → portadas mundiales.
Dominicanos asesinados a machetazos → silencio absoluto.
No se trata de justificar racismo (que existe y debe combatirse) ni de minimizar el dolor de la familia de Stephora. Se trata de exigir lo mismo que cualquier sociedad decente debería exigir: que todas las víctimas, sin importar nacionalidad, merezcan el mismo espacio, la misma indignación y la misma justicia.
Cuando Jacqueline Charles (Miami Herald), France 24 o influencers como Kaly o Noelia Hazim deciden que solo ciertas vidas “importan” para su narrativa, no están haciendo periodismo; están haciendo activismo selectivo. Y ese activismo selectivo tiene consecuencias reales: polariza, envenena y justifica odio en ambas direcciones.
República Dominicana no es un país racista por deportar a medio millón de personas que entraron ilegalmente mientras Haití colapsa bajo el control de pandillas. Es un país que intenta sobrevivir al lado del Estado más fallido del hemisferio.
Justicia para Stephora, sí.
Pero también justicia para Simeón, para Francisco, para Julio César y para cada dominicano que murió en el olvido mediático.
Porque una prensa que elige quién es víctima según su agenda no informa: manipula.
Y una sociedad manipulada termina odiando a quien no debe y perdonando a quien no merece.
TuRepública.com exige equilibrio.
Exigimos que todas las sangre pese lo mismo.
Nada menos.










