Santo Domingo, RD. – En medio de la actual crisis energética que atraviesa República Dominicana, vuelve al debate público la Central Termoeléctrica Punta Catalina, considerada la obra más grande en la historia del sector eléctrico dominicano. Nunca se había levantado un proyecto de tal magnitud, ni en inversión ni en impacto.
Un reciente documento presentado a la opinión pública confirma que el costo total de Punta Catalina fue de US$ 2,454 millones, incluyendo pagos por hitos de construcción, cuentas dedicadas y ajustes de cierre. Lejos de la narrativa de sobrecostos sin pruebas, el informe detalla cada desembolso entre 2013 y 2020, con facturas, fechas y soportes oficiales.
Pagos transparentes y documentados
Según los datos revisados, los pagos realizados al consorcio constructor Odebrecht-Tecnimont-Estrella fueron ejecutados bajo un esquema claro y verificable:
- Pagos por hitos de construcción: US$ 1,924 millones.
- Cuentas dedicadas: US$ 199 millones.
- Actas de acuerdos: US$ 56 millones.
- Deducciones pendientes de conciliación con aseguradoras: US$ 1.3 millones.
- Pagos por reajustes y variaciones: US$ 263 millones.
En total, la obra cerró en US$ 2,454 millones, cifra consistente con el contrato inicial y las ampliaciones técnicas inevitables. Cada pago fue documentado con soportes contables, desmontando la idea de una obra marcada exclusivamente por irregularidades.
Una infraestructura única en el Caribe
Más allá de ser la planta que aporta alrededor del 30% de la generación nacional, Punta Catalina cuenta con infraestructura que la convierte en un activo estratégico a futuro.
Dispone de:
- Terrenos para expansión.
- Puerto propio para la llegada de barcos carboneros.
- Instalaciones de almacenamiento de carbón.
- Sistema de disposición de cenizas.
Esto significa que el país tiene la posibilidad de instalar dos plantas adicionales a un costo mínimo, aprovechando las facilidades ya existentes. Ningún otro proyecto eléctrico en la historia dominicana ofrece esa ventaja.
Un pilar de la generación nacional
Desde su entrada en operación, Punta Catalina permitió reducir la dependencia del fuel oil y disminuir los costos de generación gracias al uso de carbón mineral. Aunque en ocasiones sus unidades han presentado averías, sigue siendo la columna vertebral del sistema eléctrico dominicano.
El propio presidente Luis Abinader reconoció que cuando Punta Catalina sale de servicio, la demanda supera a la oferta, generando apagones. Sin ella, la crisis energética actual sería aún más severa.
El contraste con la crisis energética actual
Mientras se critican los costos históricos de Punta Catalina, la realidad muestra que los problemas actuales del sector se concentran en otros puntos:
- Pérdidas en distribución superiores al 37%, por robo de energía y redes obsoletas.
- Dependencia del Estado para subsidiar a las distribuidoras, con transferencias que superan los RD$30,800 millones solo en los primeros cuatro meses de 2025.
- Altos costos de combustibles fósiles importados, que encarecen la generación y elevan el déficit fiscal.
En este contexto, Punta Catalina aparece como una inversión estratégica que permitió al país evitar un colapso mayor.
Conclusión: inversión estratégica, no gasto
El debate sobre Punta Catalina debe hacerse con datos, no con percepciones. Su costo está documentado, y sus beneficios presentes y futuros son palpables. Más que un símbolo de sobreprecio, la central representa la mayor obra energética del país y una garantía de estabilidad en momentos de crisis.
La lección es clara: invertir en energía no es un gasto, es apostar por el futuro y la soberanía eléctrica de la República Dominicana.
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