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El Carnaval: Su origen

Por: Providencia Rossi Pujols

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Santo Domingo. En algún momento de la vida, todos hemos disfrutado de un desfile de carnaval, con su música, personajes, disfraces, caretas, comparsas y diablos cojuelos,  el origen de ésta manifestación popular que da rienda suelta a la imaginación del pueblo y pone a bailar en la calle de noche y de día a todos, es una expresión europea.

Megacentro está de carnaval
Megacentro está de carnaval

De acuerdo al reconocido folklorista dominicano, Dagoberto Tejeda, los orígenes de lo que  hoy se conoce como carnaval,  se remonta a la Europa feudal, donde la época de la cosecha era recibida con alegría por los propietarios, quienes eufóricos le daban tres días libres a los campesinos que trabajaron la tierra, en ese tiempo podían hacer lo que quisieran, “en principio los campesinos bailaban, tocaban, comían, bebían, pero había que hacer paréntesis entre una cosa y otra, ahí  comenzaron a hacer sátiras de los dueños, de las autoridades, de los  curas y  obispos”.

Al finalizar esos tres días, las autoridades comenzaron a tomar represalias  contra  quienes habían hecho las sátiras y se habían burlado de ellos, “entonces, la gente en su dimensión creadora comenzó a utilizar  máscaras, trajes y personajes, de manera que cuando se hiciera la sátira no se supiera quien  lo había hecho” destacó Tejada en su natural relato sobre el origen del Carnaval.

De esa manera  nació lo que hoy se conoce como Carnaval, que no es más que un espacio de libertad, de crítica,  de reivindicación, pero al mismo tiempo de afianzar lo que negaba la sociedad, una sociedad medieval, con un sistema autoritario, dictatorial, “de acuerdo a la visión de la iglesia de los señores feudales, era  una sociedad represiva y reprimida, no había manifestaciones populares, entonces este espacio vino a ser una catarsis social”, aseguró el experto.

En un momento dado, la iglesia, entendió que estas manifestaciones populares eran demoniacas,  herejías y trató de eliminar esa actividad de la cosecha, pero no pudo, por el contrario, muchas se transformaron. Como modo de lucha, la iglesia se unió para poder dar su connotación a la actividad, fue entonces  que en 1674  el Papa Pablo II en su bula transitorium, permitió a los católicos asistir a la fiesta que terminaba el martes antes del miércoles de ceniza, de tal manera que al entrar la cuaresma, época de abstinencia, oración por parte de la iglesia, esos 3 días de espacio  para la libertad para hacer lo que se quisiera   asumió el nombre de   Carnavale, palabra italiana que significa dejar hacer a la carne, por eso el Carnaval recibe el nombre de, Carnestolendas, que no es más que la alegría, la libertad de la carne y entonces se asume la máscara, los trajes y los personajes, “Pero la sátira sigue siendo la esencia, por eso desde el inicio es un espacio contestatario, de libertad, de crítica social, el Carnaval es el mundo al revés, permite lo que la sociedad Prohíbe”, asegura Dagoberto Tejada, quien dirige el departamento de cultura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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