Cuando nuestra vida va  vía exprés y viajamos  en un tren que corre vía  local

Cuando nuestra vida va vía exprés y viajamos en un tren que corre vía local

Nueva York no sería lo mismo sin su sistema de metro (uno de los más viejos del mundo). Todos los visitantes y  residentes   en la Gran Manzana hemos vivido la experiencia agridulce de desplazarnos de un lugar a otro, en la  “ciudad infinita”, usando sus arcaicos pero funcionales trenes.

Lo rápido, lo exprés y lo instantáneo  forman parte de la cultura neoyorquina. En NY, como en ningún otro lugar del planeta tierra, los minutos y los segundos tienen un valor tan alto. El tiempo es dinero, es parte fundamental del capitalismo.  Los retrasos y dilaciones  se pagan caros en la metrópolis de los rascacielos. Dormir, tomar un café con los amigos, la visita al médico, la hora de entrada y salida del trabajo, amar y tener sexo son acciones calculadas con precisión de reloj suizo en  esta  mega ciudad estadounidense.

Los neoyorquinos aman los trenes expresos, los  que se desplazan saltando varias paradas, pues estos les permiten eficientizar  el cronos (su valor más sagrado). He visto personas llorar en la estación del tren   al leer un  cartel que indica la suspensión del metro  que corre en la vía exprés.

 

¿Qué pasa cuando nuestra  vida va exprés y nos  toca  abordar un tren que corre en vía  local?

Esta  pregunta me vino a la mente un sábado cualquiera cuando intentaba llegar desde Brooklyn  hasta   Manhattan para participar en una reunión  y me toco abordar, por obligación,  el  tren local R (la R le viene a este tren  de que  raramente pasa y raramente se mueve). La premura por llegar   tensó  mi cuerpo, maldije  mil veces la lentitud y las mil paradas que hacía la locomotora  en su recorrido hacia mi destino final (City Hall). Intentado calmarme asumí una actitud reflexiva de  respuesta a esta pregunta, que para mi, existencial.

Cuando nuestra vida va exprés y nos  montamos en  un tren que corre por la vía local nos  toca cultivar la paciencia, aprender que el tiempo es la mejor herramienta para madurar las ideas. Valorar y sopesar las metas propuestas solo es posible cuando tomamos  distancia y tiempo y desde la calma  analizamos  nuestro  presente y nuestro   futuro. Solo con  paciencia podemos determinar todas las variables que marcan nuestra ruta,  de dónde venimos y para dónde vamos.

Desplazarse en un tren local es una excelente oportunidad para el  encuentro  con el otro o con la otra, con las personas que van a nuestro  lado en el mismo camino. Es momento para comprender que no transitamos solos o solas por la senda. Es tiempo para  descubrir la  grandeza  de la  diversidad humana presente en cada rostro y   cada expresión de los que por un periodo de tiempo  y sin proponérselo comparten con nosotros el mismo  vagón y una parte de su vida.

El tren R llegará a su destino a pesar de sus mil paradas y de su lento recorrido. Hacer conciencia de lo imperfecto como parte de la experiencia para alcanzar los logros es vital. Somos imperfectos y solo reconociéndonos como tales, podremos asumir el camino hacia el cambio que nos llevará hacia nuestro puerto. Esperar el momento perfecto, la persona ejemplar o  el instrumento idóneo es opción de pocas personas.

“Si te montas llegas” cuando no hay opción  solo nos  queda  usar las armas que tenemos a mano para sacar lo mejor de nosotros,  para alcanzar nuestras metas.

“Disfrutar lo que tenemos  a mano”. Si nos  toca  un tren local podemos  disfrutar  el recorrido, descubrir  la historia detrás de los grafitis pintados en los túneles. Observar  el arte escondido en algunas   paradas y  valorar el ingenio humano capaz de crear un sistema tan complejo, como dice  una amiga de antaño “si te toca relájate y disfrútalo”.

Los que nos  quieren  y nos  valoran nos  esperaran.  Harán conciencia de los problemas que padecemos  para llegar a nuestro destino y se preocuparán por nosotros. Los que nos  aman abrirán los brazos a nuestra  llegada y nos  coronarán con un saludo afectivo, una sonrisa,  un beso y un abrazo de bienvenida. La espera es buen fuego para cocinar el amor verdadero.

Estoy convencido de que me tocará de nuevo tomar el tren R que corre  entre Brooklyn y Manhattan, espero poder cavilar de nuevas  ideas recorriendo este tren  local y aprovechar el tiempo,  disfrutar  de a sorbos la alegría de saber que  vivo a pesar de los reveses.

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Sobre el autor

Deivis Ventura
Deivis Ventura 3 posts

Maestro dominicano con más de veinte años de ejercicio docente en el área de las Ciencias Sociales, Licenciado en educación con enfoque en Ciencias Sociales, Maestría en Gestión Pedagógica por la Universidad de Barcelona, posgrados en educación Cívica de la Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra, educación para la Salud por la universidad de Georgetown y Género y Municipalidad de la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales.

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